lunes, 9 de septiembre de 2019

No podemos ignorar el hecho de que las chicas guapas abandonan ahora el bar sin despedirse

¿Qué hacer entonces con la belleza? En primer lugar, despojémosla de cualquier misticismo. Un atractivo tan evidente no depende de los ojos del que mira, porque esa chica era guapa del mismo modo que hay coches que son rojos o amarillos. Y nuestra breve conversación no fue nada especial. Que sí, que ya sé que ciertas charlas son, digamos, introductorias y que esperar tanta intensidad del ser humano moderno es incluso irresponsable, pero no me digáis que el Universo no va a manifestarse cuando te encuentras a escasos centímetros de una recién llegada por la que, ya de primeras, te dispararías en un pie. Lo que sí sentí fue un ligero temblor y un cierto mareo, sensaciones sobradamente conocidas y recurrentes en mis contactos con el sexo opuesto, aunque cada vez más infrecuentes. Cuán reconstituyente es sentir de nuevo las gélidas manos de esas fuerzas invisibles, te entran ganas de pedirle a los Reyes Magos que alguien te rompa el corazón. Pero, al margen de su incontestable belleza y de mis entrañables vértigos, nos encontrábamos ante una chica normal. (Tan normal) como para seguirla hasta una discoteca al amanecer, dejando a un lado toda la pereza y el hastío vital que me define desde que colgué en una percha el traje de humano.

jueves, 8 de febrero de 2018

Construction Time Again


No me gustan los grupos masivos pero con Depeche Mode haré una excepción. Este disco me lo compré en una tienda de segunda mano y lo pinché hasta la extenuación en un tocadiscos barato que poseía en aquella etapa en la que todo en mi casa era (o parecía) barato. No recuerdo haber compartido su escucha con nadie. En el instituto yo no era un tío muy popular. Era excéntrico y mis sueños no eran los de nadie más. Un buen día mi profesor de inglés me prestó American Psycho y entendí que no hay otro destino que la infelicidad, seas rico o seas pobre. Los ricos no son realistas: aspiran a realizar todos sus deseos. Los pobres, en cambio, tenemos libretas llenas de los nombres de las cosas que no podemos conseguir. Y lo aceptamos como el deforme que se enamora de la top model. Las épocas de bonanza no son tan buenas: hay algo amargo en encender la calefacción. Es el triste final de todas las pajas. Hay algo horrible en el sexo. Cuando era pequeño y hacía mucho frío, mi madre metía una bolsa de agua caliente en mi cama. Dormía con ella entre las piernas y me imaginaba que estaba abrazando un pedazo del infierno. Era mi primer contacto con la lujuria. No quería las Islas Canarias, quería el Sol.

martes, 6 de febrero de 2018

Trata de ser invisible,oculto a las cosas; que no haya quien no vea en tí una forma borrosa. Trata de ser una ola que rompe en espumas; un pensamiento sutil que destella y se esfuma Trata de ser invisible,trata de ser invisible. Si aún no lo eres,si quieres ser libre, si libre ser quieres. Trata de ser como el humo que el viento deshace; que quede tu alma dispersa en lo azul del paisaje. Trata de ser como el sol de un tiempo nublado; siempre estarán los demás mas tú de otro lado. Trata de ser invisible,trata de ser invisible. Si aún no lo eres,si quieres ser libre, si libre ser quieres. Trata de ser invisible,oculto a la luz; se busca la humana mirada mas no lo hagas tú. Trata de ser como lluvia que cae en el mar; abraza el olvido que borra memoria y señal. Trata de ser invisible,trata de ser invisible. Si aun no lo eres,si quieres ser libre, si libre ser quieres. Trata de ser la otra cara que esconde la luna; de espaldas a toda pasión,no muestres ninguna. Algo que mueve una brisa y lo hace al pasar; que sean tus actos la brisa y tu paso fugaz. Y desaparecer, por la puerta falsa desaparecer, sonriendo...Invisible. Rafael Berrío

jueves, 30 de julio de 2015

La Casa del Libro

Hoy durante la siesta soñé que me encontraba en La Casa del Libro. Eran alrededor de las ocho y media y pronto tendría que irme a trabajar pero, ante el primer intento de abandonar el lugar, recordé el verdadero propósito de mi visita a la librería: presentarme a una entrevista de trabajo. Entonces dudé y pensé en La Fábrica, y en el Clandestino, y en todas esas tareas misteriosas de las que me ocupo entre semana pero, qué diablos, yo siempre he querido trabajar en La Casa del Libro. Porque la gente que trabaja allí tiene algo: una energía especial, muy parecida a la que yo entiendo que solucionaría, no sólo mi vida, sino también todas las vidas posteriores a ésta. El caso es que la entrevista fue sencilla, a pesar de que en todo momento tenía presente mi descuidado aspecto: barba poblada que crecía enroscándose sobre sí misma y melena lacia que me obligaba a menudo a apartarla de mi rostro para poder continuar enumerando mis habilidades ante la entrevistadora. Sin olvidar que mis ojos nunca están del todo abiertos. Lo último que recordé al despertarme fue que me habían seleccionado para una prueba final, junto a otros individuos que de ningún modo merecían la iluminación.
Ya en la vigilia, y después de una ducha rotunda, un pie siguió a otro y volví al lugar de los hechos. Una vez allí, subí a la segunda planta dando la espalda a los libros más vendidos y, después de localizarlo fácilmente, sostuve muy estirado un libro de Osho con ambas manos, aparentando que leía su contraportada como el que lee los ingredientes del bote de mayonesa. Permanecí inmóvil junto a las estanterías de libros religiosos, dejando que nos rodease (a mí y a Jesús, a Buda, a Alá y a Krishna) una especie de bruma que me obligó a mirar a izquierda y derecha varias veces, para comprobar que esa librería que protagonizaba mis sueños no se estaba generando a medida que yo fijaba la vista en ella. La sensación de irrealidad era tan desconcertante que hasta que llegué a la caja registradora no tuve claro con qué moneda debía pagar. Le lancé la mitad del cambio a una chica que, al doblar la esquina, interpretaba con una guitarra el Hurt de Nine Inch Nails. Me senté en el suelo e, ignorando sus agradecimientos, la apuré a que siguiese tocando. Cuando terminó le di el resto del cambio y ella la volvió a tocar.

jueves, 23 de julio de 2015

Todo

Ayer le conté a una chica todo lo que pienso acerca de la vida. TODO. Me quedé a gusto. Después nos sentamos en la arena de la playa y yo separé las piernas, relajado, como si la brisa marina fuese a practicarme una felación. Era de noche desde hacía un par de horas. Miré hacia arriba en un escorzo que estiró mis cervicales. Había más estrellas que nunca, y la única constelación que conozco (el carro, o como se llame), estaba situada exactamente en el centro de nuestro campo de visión. La rodeaban decenas de estrellas, formando figuras más o menos claras, pero aun así el carro era la más grande y brillante de todas, como si ese pedazo de cielo que ondulaba sobre nuestras cabezas lo hubiese dibujado yo utilizando mis escasos conocimientos sobre el mapa astral. Hubo, no sé, cinco o diez segundos de paz. Un breve lapso de tiempo en el que sucedieron miles de cosas muy importantes: se reorganizaron ejércitos, alguien marcó el gol de la victoria en el descuento, partió hacia su destino un carrito lleno de almas, una pareja se besó por primera vez, alguien mató a alguien y alguien que no sabía lo que estaba haciendo sentó las bases de los viajes interestelares. Me dejó en casa a eso de la una. Le dije "yo vivo aquí" señalando con el dedo índice el sexto piso de mi edificio. No sé. Quizá acerté en el quinto, o en el ático. Daba igual.

miércoles, 17 de junio de 2015

Incendio

Sólo aprecio tu recuerdo a medianoche
cuando el día ha terminado
y no me siento obligado a sonreir
ni a sonreirte
pues te presentas temprano
mientras busco a tientas el interruptor de la luz
me deslizo entre los pantalones
o caliento agua para el té
y pasas el día conmigo
ignorando que hace un mes decidiese matarte
asumiendo que debo seguir con mi vida
y que, cuando nadie mira,
te grite que te vayas
como un cadáver río abajo
Pero en cambio, a medianoche
pienso, agotado
que ha merecido la pena llegar hasta aquí
y sobre mi cama
te sostengo con las manos a la altura de mi pecho
como una frágil muñeca
dejando que firmes rayos de Luna
te convenzan con sus piruetas
de que están
y estarán siempre
de mi parte
con la esperanza de que entremos juntos
de un salto acompasado
en el universo libre e ilimitado de los soñadores
Y es cuando Dios cree que todas las palabras
ya han sido pronunciadas
cuando tú,
viva y muerta al mismo tiempo,
prestas oídos a mi plegaria
que se aviva y te espolea
y entonces,
juntos,
ardemos como la madera vieja
de un modo que hace increíble
que tu cuerpo físico,
ajeno, necio,
y muy posiblemente poseído por otros,
no presente ningún indicio de la encendida fiebre
que nos consume

lunes, 25 de mayo de 2015

Lagartos

Hay una chica que es totalmente mi tipo de mujer. Una o dos veces al mes la veo en alguno de mis bares y entonces es como si hubiesen traído La Primavera de Botticelli al museo de mi barrio. La saludo con una sonrisa tímida y ella me habla, sin mover los labios. Me habla como te hablan las estatuas. Y yo, que podría mirarla durante horas, siempre acabo buscando algo que hacer para no convertirme en sospechoso. 
Tengo un espacio reservado para su recuerdo, cuando acabe yéndose a vivir fuera como hacen todas, conscientes de que permanecer en Vigo acabaría por afear sus andares. Se alojará junto al Velociraptor.
Los primeros meses serán confusos: entre el lunes y el martes agotaré mis fuentes de inspiración. El miércoles lloraré. El jueves fantasearé con clonarla, en un futuro y con cierta ayuda. El viernes me beberé el río. El sábado mis amigos organizarán un brunch, celebrando que la semana no es más que dar un paso. Que la vida es caminar. Y el domingo juraré haberla visto, a lomos de un Diplodocus. Es increíble que hayan existido lagartos tan grandes, es ciencia ficción.