miércoles, 30 de mayo de 2018

Ousil


Este año volvemos a tener la desgracia de que Mediaset nos ofrezca el Mundial. En la pasada edición asumieron que "España es así", que "es lo que hay", y que a los comentaristas los criticarían tanto si pronunciasen mal los nombres extranjeros (por paletos) como si los pronunciasen bien (por fanfarrones), así que optaron por el camino del medio y se produjeron situaciones bastante curiosas que afectaron, incluso, a jugadores de fama mundial como Mesut Özil.
Para José Antonio Luque, que llevaba el peso de la narración, el clarividente mediapunta alemán era "Ousil", como si en lugar de Gelsenkirchen hubiese nacido en Arkansas. Esto me indignó sobremanera y decidí ponerme en contacto con su empresa (vía email) para explicarles lo grave del asunto. Porque llamarle "Ousil" a Özil significa muchas cosas, y todas inaceptables en una cita de tanta importancia. 
La más evidente es que ese periodista no hace bien su trabajo. Seamos serios. Si tú vas a retransmitir un partido para un montón de personas (te va a escuchar un buen pellizco de los 560 millones de hispanohablantes del mundo) y si damos por supuesta tu capacidad para relatar un partido de fútbol (que estás en un Mundial, no puedes ser un novato), lo único que te queda es evitar un posible ridículo. Pero llamarle "Ousil" a Özil es mucho más sangrante que la simple historia de un experimentado narrador al que se le atraganta un nombrecito. 
Para empezar, porque quizá eres la única persona en el mundo que lo llama así, salvo los yankis, y tú naciste en Barcelona. ¿Qué reglas de fonética has seguido para llegar hasta "Ousil"?, ¿qué pensabas cuando, en radio o en televisión, se le llamaba de otra forma?, ¿no acertaste a replantearte nada? Y si te documentaste bien antes del campeonato y, asumiendo tu incapacidad para pronunciar correctamente el nombre del que fuera el 10 del Real Madrid y evitando, con buen criterio, caer en la paletada esa de reirte de los nombres que resultan complicados para el español medio (algo que se estila mucho en los medios españoles. Un saludo a Manu Carreño), quisiste llegar a un término medio entre /OESIL/ y /OCIL/ con una virguería digna de haber nacido en los pies del talentoso futbolista alemán, debes saber que ese punto intermedio que buscabas, definitivamente, no es /OUSIL/ ni se le parece.
Pero, ¡ojo!, no podemos descartar que José Antonio Luque lleve toda su vida llamándole "Ousil" al bueno de Özil. Ese caso es más desconcertante porque significaría que, no sólo se ha mantenido en sus trece a pesar de haber escuchado ese nombre millones de veces pronunciado de otra forma (por Dios, que jugó en el Real Madrid), sino que nunca, ni en su entorno de trabajo ni en una charla distendida con los colegas, nunca, NADIE le advirtió de que eso de "Ousil" no tenía ni pies ni cabeza, y que si seguía llamándole así acabaría siendo trending topic en Twitter, como finalmente sucedió hace cuatro años. 

jueves, 8 de febrero de 2018

Construction Time Again


No me gustan los grupos masivos pero con Depeche Mode haré una excepción. Este disco me lo compré en una tienda de segunda mano y lo pinché hasta la extenuación en un tocadiscos barato que poseía en aquella etapa en la que todo en mi casa era (o parecía) barato. No recuerdo haber compartido su escucha con nadie. En el instituto yo no era un tío muy popular. Era excéntrico y mis sueños no eran los de nadie más. Un buen día mi profesor de inglés me prestó American Psycho y entendí que no hay otro destino que la infelicidad, seas rico o seas pobre. Los ricos no son realistas: aspiran a realizar todos sus deseos. Los pobres, en cambio, tenemos libretas llenas de los nombres de las cosas que no podemos conseguir. Y lo aceptamos como el deforme que se enamora de la top model. Las épocas de bonanza no son tan buenas: hay algo amargo en encender la calefacción. Es el triste final de todas las pajas. Hay algo horrible en el sexo. Cuando era pequeño y hacía mucho frío, mi madre metía una bolsa de agua caliente en mi cama. Dormía con ella entre las piernas y me imaginaba que estaba abrazando un pedazo del infierno. Era mi primer contacto con la lujuria. No quería las Islas Canarias, quería el Sol.

miércoles, 7 de febrero de 2018

This is my private bed
This is where i lie at night
Staring at a lightbulb hanging on the ceiling
Waiting for a dream to
Come and get me out of here

Oingo Boingo - Private Life

martes, 6 de febrero de 2018

Trata de ser invisible,oculto a las cosas; que no haya quien no vea en tí una forma borrosa. Trata de ser una ola que rompe en espumas; un pensamiento sutil que destella y se esfuma Trata de ser invisible,trata de ser invisible. Si aún no lo eres,si quieres ser libre, si libre ser quieres. Trata de ser como el humo que el viento deshace; que quede tu alma dispersa en lo azul del paisaje. Trata de ser como el sol de un tiempo nublado; siempre estarán los demás mas tú de otro lado. Trata de ser invisible,trata de ser invisible. Si aún no lo eres,si quieres ser libre, si libre ser quieres. Trata de ser invisible,oculto a la luz; se busca la humana mirada mas no lo hagas tú. Trata de ser como lluvia que cae en el mar; abraza el olvido que borra memoria y señal. Trata de ser invisible,trata de ser invisible. Si aun no lo eres,si quieres ser libre, si libre ser quieres. Trata de ser la otra cara que esconde la luna; de espaldas a toda pasión,no muestres ninguna. Algo que mueve una brisa y lo hace al pasar; que sean tus actos la brisa y tu paso fugaz. Y desaparecer, por la puerta falsa desaparecer, sonriendo...Invisible. Rafael Berrío

jueves, 30 de julio de 2015

La Casa del Libro

Hoy durante la siesta soñé que me encontraba en La Casa del Libro. Eran alrededor de las ocho y media y pronto tendría que irme a trabajar pero, ante el primer intento de abandonar el lugar, recordé el verdadero propósito de mi visita a la librería: presentarme a una entrevista de trabajo. Entonces dudé y pensé en La Fábrica, y en el Clandestino, y en todas esas tareas misteriosas de las que me ocupo entre semana pero, qué diablos, yo siempre he querido trabajar en La Casa del Libro. Porque la gente que trabaja allí tiene algo: una energía especial, muy parecida a la que yo entiendo que solucionaría, no sólo mi vida, sino también todas las vidas posteriores a ésta. El caso es que la entrevista fue sencilla, a pesar de que en todo momento tenía presente mi descuidado aspecto: barba poblada que crecía enroscándose sobre sí misma y melena lacia que me obligaba a menudo a apartarla de mi rostro para poder continuar enumerando mis habilidades ante la entrevistadora. Sin olvidar que mis ojos nunca están del todo abiertos. Lo último que recordé al despertarme fue que me habían seleccionado para una prueba final, junto a otros individuos que de ningún modo merecían la iluminación.
Ya en la vigilia, y después de una ducha rotunda, un pie siguió a otro y volví al lugar de los hechos. Una vez allí, subí a la segunda planta dando la espalda a los libros más vendidos y, después de localizarlo fácilmente, sostuve muy estirado un libro de Osho con ambas manos, aparentando que leía su contraportada como el que lee los ingredientes del bote de mayonesa. Permanecí inmóvil junto a las estanterías de libros religiosos, dejando que nos rodease (a mí y a Jesús, a Buda, a Alá y a Krishna) una especie de bruma que me obligó a mirar a izquierda y derecha varias veces, para comprobar que esa librería que protagonizaba mis sueños no se estaba generando a medida que yo fijaba la vista en ella. La sensación de irrealidad era tan desconcertante que hasta que llegué a la caja registradora no tuve claro con qué moneda debía pagar. Le lancé la mitad del cambio a una chica que, al doblar la esquina, interpretaba con una guitarra el Hurt de Nine Inch Nails. Me senté en el suelo e, ignorando sus agradecimientos, la apuré a que siguiese tocando. Cuando terminó le di el resto del cambio y ella la volvió a tocar.

jueves, 23 de julio de 2015

Todo

Ayer le conté a una chica todo lo que pienso acerca de la vida. TODO. Me quedé a gusto. Después nos sentamos en la arena de la playa y yo separé las piernas, relajado, como si la brisa marina fuese a practicarme una felación. Era de noche desde hacía un par de horas. Miré hacia arriba en un escorzo que estiró mis cervicales. Había más estrellas que nunca, y la única constelación que conozco (el carro, o como se llame), estaba situada exactamente en el centro de nuestro campo de visión. La rodeaban decenas de estrellas, formando figuras más o menos claras, pero aun así el carro era la más grande y brillante de todas, como si ese pedazo de cielo que ondulaba sobre nuestras cabezas lo hubiese dibujado yo utilizando mis escasos conocimientos sobre el mapa astral. Hubo, no sé, cinco o diez segundos de paz. Un breve lapso de tiempo en el que sucedieron miles de cosas muy importantes: se reorganizaron ejércitos, alguien marcó el gol de la victoria en el descuento, partió hacia su destino un carrito lleno de almas, una pareja se besó por primera vez, alguien mató a alguien y alguien que no sabía lo que estaba haciendo sentó las bases de los viajes interestelares. Me dejó en casa a eso de la una. Le dije "yo vivo aquí" señalando con el dedo índice el sexto piso de mi edificio. No sé. Quizá acerté en el quinto, o en el ático. Daba igual.

miércoles, 17 de junio de 2015

Incendio

Sólo aprecio tu recuerdo a medianoche
cuando el día ha terminado
y no me siento obligado a sonreir
ni a sonreirte
pues te presentas temprano
mientras busco a tientas el interruptor de la luz
me deslizo entre los pantalones
o caliento agua para el té
y pasas el día conmigo
ignorando que hace un mes decidiese matarte
asumiendo que debo seguir con mi vida
y que, cuando nadie mira,
te grite que te vayas
como un cadáver río abajo
Pero en cambio, a medianoche
pienso, agotado
que ha merecido la pena llegar hasta aquí
y sobre mi cama
te sostengo con las manos a la altura de mi pecho
como una frágil muñeca
dejando que firmes rayos de Luna
te convenzan con sus piruetas
de que están
y estarán siempre
de mi parte
con la esperanza de que entremos juntos
de un salto acompasado
en el universo libre e ilimitado de los soñadores
Y es cuando Dios cree que todas las palabras
ya han sido pronunciadas
cuando tú,
viva y muerta al mismo tiempo,
prestas oídos a mi plegaria
que se aviva y te espolea
y entonces,
juntos,
ardemos como la madera vieja
de un modo que hace increíble
que tu cuerpo físico,
ajeno, necio,
y muy posiblemente poseído por otros,
no presente ningún indicio de la encendida fiebre
que nos consume