jueves, 2 de agosto de 2012

el principio del fin

únicamente existen dos personas que no me toman por loco y no es algo que me moleste, pues siempre digo que no tengo que defender mi estabilidad mental sino tan sólo esperar que se cumplan mis presagios. admito que cuando era miope podía parecer más feliz, al igual que cuando todavía bebía alcohol, pues debido a una visión defectuosa o a un acusado estado de embriaguez podía ver, por ejemplo, a un oso blanco durmiendo, en la mitad de la calle, en lugar de la inerte bolsa de plástico que claramente veían los demás. pero del mismo modo que cuando toda esa gente que actúa como mobiliario urbano habla de una alarma que despierta su instinto maternal, estaba escrito que yo dejase de experimentar con las drogas. y era tan importante que yo sufriese ese despertar que ni siquiera necesité de fuerza de voluntad. dios utilizó a los elementos y a las circunstancias para que pudiese superarlo, de tal modo que a ojos de muchos puede parecer que yo puedo con todo. aunque también podéis tomarme por loco, en lo que semeja la actitud normal de mi círculo de amistades. pero hay dos personas que creen que mis historias son veraces. dos chicas con las que no sólo acreciento enormemente mi factura telefónica, sino que también son las únicas que consiguen que salga de casa a veces cuando todavía hay luz solar e, incluso, en la época estival, un calor asfixiante que me hace sudar y mirar a todas partes como si dudase de haber finalizado una de las siguientes operaciones: cerrar el grifo de la bañera. desenchufar la plancha. cerrar con llave. puedo analizar mi interacción con ellas fácilmente desglosando mis facturas telefónicas, a falta de la popularización de un sistema de almacenado de memoria humana más acorde con los tiempos. hay un proceso, que podríamos calcular si le pusiésemos verdaderamente ganas, de regeneración para un cerebro humano, que minimiza los daños y lo activa de tal manera que imita un fantástico viaje al verdor mental de nuestra infancia, llevándonos todas nuestras experiencias vitales hasta la fecha a modo de equipaje. el verdadero viaje en el tiempo, que se puede lograr si dejas de asustarte cada vez que escuchas un ruido. si dejas de tratar de curar tu vértigo en las profundidades del océano. y yo inicié ese viaje hace dieciocho meses. y mis dos consejeras pueden contaros cómo mis llamadas se han ido multiplicando, sin respetar horarios ni jornadas de descanso, coincidiendo con una total asimilación por mi parte de mi identidad como representante de una ridícula minoría.

entre tinieblas

quiero estar entre tinieblas
ser del color negro el hijo
que regresa
con una solución al canto de los pájaros
y una negación
del vigor de tu sonrisa
sumergido en el rigor,
que palpo con mis manos gigantescas,
dibujar ojos invictos
que cuenten de modo ecuánime
cuatro paredes, ridículas,
para contenerme
y ni el sol ni otras estrellas
se jacten en la derrota
ignorando que el día respira
en las palabras que,
con firmeza,
se deslizan por debajo de la puerta,
sino la mujer hermosa
tan obesa de indolencia que amanece
a sus espaldas

mil mujeres

mil mujeres, que podrían narrar tu vida, ruedan cuesta abajo desde la cima de la montaña y, con mal gesto pero un firme sentido de la perspectiva, sufren en sus propias carnes la peor de las condenas: el campo abierto. y yo, que vivo en un armario recordando los tres días que compartimos, sobrellevo los efectos secundarios asumiendo la mutación como una vejez prematura provocada por tus puñetazos, certeros, ejecutados tan ágilmente en tu danza de la lluvia que caían mis dientes como granizo sobre los bichos. y soy muy malo despierto, si revivo con nostalgia los latigazos que sacudían mi cuerpo cada vez que me mirabas de reojo, pero peor soy soñando, las veces que te visito, convencido de poder convertir en agua clara la miel que empantana los riachuelos que conectan tus neuronas, que endulza los silencios entre tus palabras y que dificulta mi persecución de tal modo que tú estimas que es un siniestro hombre con zancos, y no un valiente gigante, quien te pretende alcanzar