jueves, 26 de septiembre de 2013

Mamá

Mamá carece de perspectiva
madera podrida son sus zapatos
confía en los juegos de azar
ignorando
que si fuese gigante
tan sólo tardarían un poco más
sus lágrimas
en caer al suelo

Papá no pudo despedirse
ahora lo hace constantemente
antes de su marcha
grabó para mí un mensaje
que se repite
como el ladrido de un perro
que sólo interrumpe
para arañar la puerta

y siempre hay una chica
con mal gesto
y piel de campana
como es la más dulce de las melodías
ejecutada a golpes
sí,
siempre hay una chica,
aunque ya no la necesite

Dime, Madre,
si volverás cual fantasma
para arroparme en la cama
y espantar
a las malas mujeres,
o si aguardarás, en cambio,
con la serenidad de los Dioses
y, por fin, su piel de oro

No apostéis

Con el boom de las apuestas pasa como con los regalos, que son cosas que no se pueden forzar. Incluso yo, que me jacto de mis conexiones con el inframundo, soy consciente de que no puedo tener pálpitos a diario y las únicas veces que me ha ido bien en asuntos de intuición (dejando a un lado mi verdadera especialidad: la habilidad sexual de los desconocidos), ha sido cuando el futuro ha venido a buscarme. Además, siempre te pones excusas. Yo he llegado a pensar que sólo soy capaz de adivinar el resultado de un partido de fútbol si el árbitro fuese justo, como si ayer hubiese apostado cinco euros al empate del Madrid y, decepcionado ante la victoria in extremis del que sigue siendo mi equipo, creyese que los mensajes mentales que recibo, más que mágicos, responden a un concienzudo e inmediato análisis que hago de una manera inconsciente y cuyo resultado es claramente favorable a uno u otro resultado, pero dejando el error humano (o la conspiración) como un elemento más cercano al caos y, por tanto, imposible de prever. Eso, como comprenderéis, es de muy poca ayuda para hacer una quiniela y no seré yo quien os dé las claves para forraros con el azar (principalmente, porque el mensaje de esos juegos me parece detestable), pero sí que puedo daros un consejo: si apostáis con dinero, hacedlo sólo cuando tengáis la seguridad de que el Universo os debe una cantidad concreta.