jueves, 26 de septiembre de 2013

No apostéis

Con el boom de las apuestas pasa como con los regalos, que son cosas que no se pueden forzar. Incluso yo, que me jacto de mis conexiones con el inframundo, soy consciente de que no puedo tener pálpitos a diario y las únicas veces que me ha ido bien en asuntos de intuición (dejando a un lado mi verdadera especialidad: la habilidad sexual de los desconocidos), ha sido cuando el futuro ha venido a buscarme. Además, siempre te pones excusas. Yo he llegado a pensar que sólo soy capaz de adivinar el resultado de un partido de fútbol si el árbitro fuese justo, como si ayer hubiese apostado cinco euros al empate del Madrid y, decepcionado ante la victoria in extremis del que sigue siendo mi equipo, creyese que los mensajes mentales que recibo, más que mágicos, responden a un concienzudo e inmediato análisis que hago de una manera inconsciente y cuyo resultado es claramente favorable a uno u otro resultado, pero dejando el error humano (o la conspiración) como un elemento más cercano al caos y, por tanto, imposible de prever. Eso, como comprenderéis, es de muy poca ayuda para hacer una quiniela y no seré yo quien os dé las claves para forraros con el azar (principalmente, porque el mensaje de esos juegos me parece detestable), pero sí que puedo daros un consejo: si apostáis con dinero, hacedlo sólo cuando tengáis la seguridad de que el Universo os debe una cantidad concreta.

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