lunes, 3 de febrero de 2014

Con un poco de esto y un mucho de aquello

Es posible que la vida, al menos tal como la percibimos, se nos haya quedado corta, y que a eso responda que pintemos alas a nuestros novios. También es posible que hayamos visto todos demasiadas películas. 
Esta mañana, puntual a mi llamada, vino un técnico de R, vestido con los colores más tristes que he visto en mi vida: gris, gris claro, gris oscuro, marrón. Se sentó dándome la espalda, enseñándome el logotipo en su chaleco, manipulando el router como un profesional y no como un amigo que se acerca a echarle un ojo. Yo permanecí a la espera, bastante tieso, servicial, desempeñando breves tareas que pudiesen ser fácilmente interrumpidas por cualquier orden del técnico. De un modo decepcionante, todo transcurrió como debía: limpio y silencioso, de tal manera que, depende de cómo lo mires, pudo o no pudo haber merecido la pena el madrugón. Pero hubo un momento en el que el hombre, cuarentón y con una calva cubierta de pelusilla, alzó la vista y reparó en el pedazo de césped del antiguo San Mamés que engalana el cuarto de estar. Pensé que diría algo. A fin de cuentas, todo el mundo sabe de fútbol. Algo, cualquier cosa. Incluso algo tan siniestro como que me quedan seis meses de vida, estrechándome impávido la mano en el marco de la puerta, para después irse por donde vino.
Por lo visto, el adaptador de red se quemó durante la tormenta del sábado. En Galicia las tormentas son habituales. El otro día me dijeron que este mes de Enero que acaba de terminar, ha llovido durante 30 de los 31 días.

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