jueves, 10 de julio de 2014

En ocasiones

En ocasiones me cuesta creer que el resto del mundo exista de la misma manera incuestionable de la que lo hago yo. 
Quiero que me digas si sientes a veces deseos de llorar, y lo haces, o de dormir, sea la hora que sea, fijándote al techo con la mirada, oscilando como el niño de familia feliz. Si eres entonces el niño de familia feliz. Si guardas todos tus complejos dentro del armario y por eso odias el momento de vestirte. Tener que salir de casa y esquivar, mirar, después hablar cuando no queda más remedio. Desear ir con los pájaros. Notar como te divides en pedazos muy pequeños que se aplican, como implantes, en las respectivas nucas de los hombres que caminan, nunca piensan. Dime si tampoco lo haces tú.
Si te duele que te regalen materia, objetos, porque te arrancan la energía y, entonces, no puedes descansar ni siquiera en tu hogar, que pagas puntualmente, primero por principios y finalmente por miedo.
Si, una vez sobrio, odias la luz que reflejas, y entonces te mata la chica que se muere por ti.  Tú sabes que es dramático resucitar con amor de sobra.
Y quiero, por último, que me hables de tus mecanismos para ser feliz.
Yo me concentro en los interruptores, segundos antes de activarlos. Les ordeno que, junto con la luz, también venga la esperanza. Y permanezco feliz un buen rato, hasta que suena el teléfono y es mamá y me pongo triste, porque lo primero que pienso es que ha sucedido algo. Y esa inquietud me acompaña durante el resto del día.

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