viernes, 24 de octubre de 2014

Rozz Williams

Hace quince años me maquillaba y Rozz Williams era uno de mis ídolos. Si algo echo de menos de esa etapa, quizá lo único, es que solía rodearme de cuatro o cinco siniestras siluetas que, como yo, presentaban unos intereses muy alejados de los del resto de los mortales. Años después el que se alejó fui yo y aprendí a vivir solo, interpretando un papel que garantizase mi supervivencia. Esto no es difícil en absoluto. Durante estos años he hecho footing, me he puesto pantalones cortos un palmo por encima de la rodilla, gorras, buena cara al mal tiempo y, sobre todo, al bueno. He recibido crema bronceadora en la nariz. He repetido los pasos del enamorado, del entusiasta. He sido, por el bien de la comunidad, ardiente sin llama y amigo sin interés. Y por ello, por ese diligente instinto de supervivencia, he desarrollado una notable carrera profesional, manipulando unos sonidos que olvidaré al poco tiempo de retirarme, cuando pueda vivir finalmente en una pequeña aldea y me dedique a contaros de qué hablan los zorrillos. He buscado, sin decirlo, a la mujer de mi vida, aprendiendo un montón de datos útiles en el proceso. Hoy sé que el amor vive en el vuelo de las aves y en las vacaciones de los pobres. Ahora, camino de la edad a la que se ahorcó Rozz Williams, oprimo contra mi pecho a lo que se ha quedado. Y casi sin aire volvemos a casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario