sábado, 15 de noviembre de 2014

El oculista

Me ha recomendado
mi psiquiatra
que busque
un recuerdo cálido
y dentro
me haga un ovillo
hasta que te vayas
y yo me acuerdo
de aquella mañana que fui
al oculista
y tuve que esperar
un buen rato
en una sala de espera
con más gente
hasta que
bajo un cabello rizado
que caía
como una cascada
había una enfermera
que se ocupó de mí
a arreones
un pinchazo primero
unas gotas
quince minutos después
otras gotas
y así tres veces
hasta que se emborronó el mundo
de tal manera
que parecía que necesitase
todos los dedos de la mano
para señalarme
éramos cinco
en ese momento
cabalgando nuestras
sillas
pero fui yo el primero
al que llamaron
(no me sorprendió)
"sergio"
dijo la cascada
ya un manchurrón negro
que reconocí
por la voz
me dijo
"sergio"
con un voz que podría
sin duda
darte una mala noticia
recibir dignamente un premio
o aprender ruso
ya sabéis a qué me
refiero
"no quiero morir"
le dije
a la mancha negra
"todavía debo publicar
nosecuantos libros de relatos
dos novelas
un poemario
y un par de relatos
subidos de tono"
salí al exterior
como el que entra
en una piscina
quedaba poco
del verano
aunque yo sudaba
con mi chaqueta al hombro
el mediodía estaba
todavía
a unos minutos de distancia
así que la gente seguía
en la calle
hambrienta
y ahí estaba yo
sin prisa
con mis pupilas dilatadas
viendo manchas que salían
disparadas
en todas direcciones
como canicas que golpea
una excavadora
y pensé que todo se parecía
mucho
entre sí
y una ligera brisa me atusó
el pelo
creo que jamás he sido más feliz
2005

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