sábado, 31 de enero de 2015

Carrefour

Si algo tienen los prolongados períodos de soltería es que siempre corres el riesgo de echar de menos. Está bien, es decir, es lo justo y es hasta recomendable mientras no saques el asunto de quicio. El caso es que hoy regresé a mi antiguo barrio y cuando me acercaba al Carrefour volví a sentir el viento en la cara que nos toqueteaba a ti y a mí alguno de estos veranos pasados. Sí, se trataba del mismo aire, y entonces nos pude ver regresando a mi casa (a unos ciento cuenta metros) sin darnos la mano. Yo caminando muy estirado, sacudiendo las piernas en ocasiones, y tú aprovechando cualquier oportunidad para sonreír, jugando sucio, como la que enseña escote. Ya en el ascensor, chocar nuestros labios como si el espejo fuese en realidad una cámara. Follar -bien- por compromiso y bajar a la Tierra hasta que por fin te dormías. Mirar de reojo, de madrugada, cómo los objetos se modifican suponiéndonos dormidos, de tal modo que al día siguiente serán un poco menos míos y un poco más tuyos, como el sabor en mi boca o el olor de las paredes.

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