lunes, 25 de mayo de 2015

Lagartos

Hay una chica que es totalmente mi tipo de mujer. Una o dos veces al mes la veo en alguno de mis bares y entonces es como si hubiesen traído La Primavera de Botticelli al museo de mi barrio. La saludo con una sonrisa tímida y ella me habla, sin mover los labios. Me habla como te hablan las estatuas. Y yo, que podría mirarla durante horas, siempre acabo buscando algo que hacer para no convertirme en sospechoso. 
Tengo un espacio reservado para su recuerdo, cuando acabe yéndose a vivir fuera como hacen todas, conscientes de que permanecer en Vigo acabaría por afear sus andares. Se alojará junto al Velociraptor.
Los primeros meses serán confusos: entre el lunes y el martes agotaré mis fuentes de inspiración. El miércoles lloraré. El jueves fantasearé con clonarla, en un futuro y con cierta ayuda. El viernes me beberé el río. El sábado mis amigos organizarán un brunch, celebrando que la semana no es más que dar un paso. Que la vida es caminar. Y el domingo juraré haberla visto, a lomos de un Diplodocus. Es increíble que hayan existido lagartos tan grandes, es ciencia ficción.

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