jueves, 23 de julio de 2015

Todo

Ayer le conté a una chica todo lo que pienso acerca de la vida. TODO. Me quedé a gusto. Después nos sentamos en la arena de la playa y yo separé las piernas, relajado, como si la brisa marina fuese a practicarme una felación. Era de noche desde hacía un par de horas. Miré hacia arriba en un escorzo que estiró mis cervicales. Había más estrellas que nunca, y la única constelación que conozco (el carro, o como se llame), estaba situada exactamente en el centro de nuestro campo de visión. La rodeaban decenas de estrellas, formando figuras más o menos claras, pero aun así el carro era la más grande y brillante de todas, como si ese pedazo de cielo que ondulaba sobre nuestras cabezas lo hubiese dibujado yo utilizando mis escasos conocimientos sobre el mapa astral. Hubo, no sé, cinco o diez segundos de paz. Un breve lapso de tiempo en el que sucedieron miles de cosas muy importantes: se reorganizaron ejércitos, alguien marcó el gol de la victoria en el descuento, partió hacia su destino un carrito lleno de almas, una pareja se besó por primera vez, alguien mató a alguien y alguien que no sabía lo que estaba haciendo sentó las bases de los viajes interestelares. Me dejó en casa a eso de la una. Le dije "yo vivo aquí" señalando con el dedo índice el sexto piso de mi edificio. No sé. Quizá acerté en el quinto, o en el ático. Daba igual.

No hay comentarios:

Publicar un comentario